Beneficiarios

La Rigoberta: un Centro Comunitario con historia

By 14 March, 2017 No Comments

El Banco de Alimentos Rosario asiste día a día a diferentes Entidades Beneficiarias que ayudan en forma directa a las familias que más lo necesitan. Todas tienen como objetivo reducir el hambre y la malnutrición, aunque cada una de ellas tiene su historia y su impronta. Esta vez le tocó a “La Rigoberta” compartir la suya.

Ubicado en el corazón del Barrio República de la Sexta, a metros de la ciudad universitaria, más conocida como ‘la Siberia’, funciona el Centro Comunitario ‘La Rigoberta’.

Sus inicios se remontan a 1989, cuando la crisis económica puso de manifiesto la necesidad urgente de saciar el hambre de mucha gente que no tenía los recursos necesarios para poder comer. Conversamos con Mónica Montenegro y Antonela Bartolone, referentes de la institución, que recuerdan esos comienzos con una mezcla de tristeza, al mismo tiempo que orgullo por ver todo lo logrado en los 27 años que pasaron. “Yo creo que cuando el hijo tiene hambre, las mujeres hacen cualquier cosa, y fue por eso entonces que empezaron a surgir los comedores, las copas de leche”, recuerda Mónica.

Al mismo tiempo que surgía la institución como una Copa de Leche, surgía también la necesidad de reivindicar el lugar de las mujeres, que comenzaron a tomar fuerza y a pensarse a sí mismas. Así, como cuentan Mónica y Antonela, se creó un espacio “en el que el eje central tiene que ver con pensar las mujeres, no sólo en la cuestión del alimento, sino de pensarnos como sujetos, con una historia, la cual muchas veces negábamos por vergüenza, con esta identidad social de villero que nos avergonzaba, con este no poder estudiar y ver cuáles eran realmente los condicionamientos”.

En este contexto, se comenzó a trabajar en talleres, en conjunto con un grupo de antropólogas, siempre de la mano con el trabajo constante de brindar la Copa de Leche día tras día.

Pasaron tiempos difíciles, años de luchas por conseguir terreno, situaciones que los marginaban, trabajos llevados a cabo en diferentes casas particulares de vecinas, actividades puestas en marcha para subsistir. Todo esto fortaleció al equipo de trabajo, impulsándolos a pensar en construir un espacio propio donde poder llevar a cabo las actividades de ‘La Rigoberta’.

Con algunos subsidios y una cooperativa de trabajo que se formó ese momento, para el año 1995 la construcción del espacio se hizo realidad. “Fabricábamos fideos caseros y los vendíamos poder comprar ladrillos, maderas, chapas, todo. Y hoy orgullosamente nos pertenece, no tenemos ninguna atadura política” cuenta Mónica.

Así, siempre mejorando, el Centro Comunitario continúa hoy en día con diferentes talleres, al mismo tiempo que llega a unas 250 a 300 personas del barrio a través de la Copa de Leche de lunes a viernes.

Cuenta para esto con los alimentos de BAR, a quien definen como un aliado, como una organización compañera que permitió “la posibilidad enorme de poder ofrecer otras cosas antes impensadas.” Mónica y Antonela consideran que “es realmente una muy buena idea, que lo que otro no necesita y antes se desechaba, vuelva al mercado social.” Plantean que lo bueno sería que cada chico pueda tomar la leche en su casa, y ese es el ideal a alcanzar, “pero hoy la realidad es que hay que generar el espacio de contención para que ese chico coma, porque si no come no se puede educar, no puede crecer, pensar”, cuentan reflexivas.

La cantante Teresa Parodi los acompañó en el camino, y fue de una de sus canciones que el Centro Comunitario tomó el nombre ‘La Rigoberta’. “Ya la Rigoberta sabe, no hay quien la engañe, por arriba los discursos y abajo el hambre”, recita Mónica, recordando alegremente el origen del nombre de la institución. Un verso de la canción que no hace más que representar a la perfección el espíritu de ‘La Rigoberta’.